Belgrado en llamas: protestas masivas contra vucic escalan a disturbios

La capital serbia amaneció hoy con un ambiente de tensión palpable tras una noche de violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Lo que comenzó como una protesta pacífica, una de las más grandes que ha visto Serbia en años, terminó en disturbios que han dejado decenas de detenidos y varios heridos, marcando un punto álgido en la creciente crisis política del país.

El detonante: la tragedia de novi sad

La chispa que encendió la indignación popular fue el colapso del techo de la estación de tren en Novi Sad el pasado noviembre, un suceso que se cobró la vida de 16 personas. La tragedia, sumada a las denuncias de corrupción y negligencia en la gestión de la infraestructura, ha erosionado la confianza en el gobierno del presidente Aleksandar Vucic, quien lleva más de una década en el poder. La ciudadanía exige responsabilidades y, sobre todo, transparencia en la investigación de lo sucedido.

La movilización, que reunió a miles de personas en la Plaza Slavija, fue liderada principalmente por estudiantes, pero contó con la participación de ciudadanos de diversas regiones, veteranos de guerra e incluso motociclistas. La presencia de pancartas con nombres de ciudades y símbolos universitarios, junto con la consigna repetida “Los estudiantes ganan”, evidenciaba una demanda unificada: elecciones anticipadas y el fin del mandato de Vucic.

La noche de la confrontación

La noche de la confrontación

Si bien la protesta transcurrió de forma relativamente pacífica durante la tarde, la situación se tornó tensa al caer la noche. Grupos de manifestantes, algunos encapuchados, comenzaron a lanzar piedras, botellas y fuegos artificiales contra la policía, que respondió con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras. La gendarmería reforzó la seguridad en los accesos a la presidencia y el parlamento, mientras que contenedores de basura fueron incendiados en las calles aledañas.

Las estimaciones de asistencia varían considerablemente: la policía cifra la participación en 34.000 personas, mientras que organizaciones independientes elevan la cifra a 100.000 asistentes. Independientemente del número exacto, la magnitud de la movilización es innegable y refleja un profundo descontento social.

El gobierno responde con acusaciones y restricciones

El gobierno responde con acusaciones y restricciones

En medio de la creciente presión, el gobierno de Vucic ha desmentido las acusaciones de corrupción y negligencia, asegurando que se han sancionado a los responsables del derrumbe de Novi Sad. Sin embargo, la respuesta oficial ha estado acompañada de una escalada retórica, calificando a los opositores como “terroristas” y “agentes extranjeros”. Además, se tomaron medidas para obstaculizar la llegada de manifestantes a la capital, incluyendo la cancelación del servicio de trenes bajo el pretexto de amenazas de bomba.

Un contexto internacional cada vez más crítico

La situación en Serbia no pasa desapercibida para la comunidad internacional. El Consejo de Europa ha alertado sobre el deterioro de los derechos humanos en el país, denunciando ataques contra activistas y periodistas, así como el cierre de espacios cívicos y abusos policiales. La Unión Europea, en el marco de las negociaciones de adhesión, ha advertido que un retroceso democrático podría traducirse en la suspensión de fondos millonarios.

Este último episodio se suma a una serie de protestas anteriores, como la manifestación de marzo de 2025, que reunió a unas 300.000 personas y culminó con la renuncia del entonces primer ministro Milos Vucevic. La persistencia de estas movilizaciones, junto con la creciente presión internacional, plantea un desafío significativo para el gobierno de Aleksandar Vucic y su capacidad para mantener el control en un país cada vez más polarizado.

La cifra de detenidos tras los disturbios de hoy aún no es definitiva, pero las imágenes de la capital serbia, marcada por el humo y la tensión, hablan por sí solas: la crisis política en Serbia está lejos de resolverse y la demanda de un cambio profundo resuena con fuerza en las calles de Belgrado.