Pakistán expulsa a miles de afganos: ¿un refugio roto?

La promesa de asilo que Pakistán ofreció durante décadas a los refugiados afganos se ha desmoronado. En una escalada dramática, Islamabad ha ordenado el arresto de todos los afganos sin visa, desencadenando una ola de deportaciones que ha expulsado ya a casi dos millones de personas desde 2023, según cifras del Ministerio de Refugiados talibán. Un éxodo forzado que deja tras de sí historias de vidas truncadas y un futuro incierto para quienes buscaban escapar de la guerra y la inestabilidad en su país natal.

La amarga ironía de un refugio negado

La amarga ironía de un refugio negado

Sadiq Khan, uno de los miles de afectados, recuerda con amargura los tiempos en que “nos dijeron que no se necesitaban documentos y nos animaron a quedarnos”. Ahora, tras 30 años de residencia en Pakistán, se enfrenta a la deportación, dejando atrás a su familia, su hija casada en el país y sus dos hijos nacidos allí. Su testimonio, y el de tantos otros, revela la fragilidad de la situación legal de los refugiados y la abrupta reversión de una política que, durante años, les brindó una relativa seguridad.

La desesperación es palpable en las declaraciones de Sardar Mohammad, quien relata haber sido encarcelado y torturado tras su reciente deportación. “Me encarcelaron allí, me torturaron en la cárcel. Mi familia se quedó sin apoyo y, al final, me vi obligado a regresar…”, lamenta, al perder sus negocios, su casa y todo lo que poseía. La cifra habla por sí sola: un hombre que construyó una vida en Pakistán ve cómo se desmorona al volver a un Afganistán convulso y, para muchos, peligroso.

El retorno masivo de refugiados a Afganistán ha intensificado la presión sobre una economía ya debilitada. La ONU advierte que casi la mitad de la población necesita ayuda humanitaria y que las comunidades locales, que acogen a un gran número de retornados, se encuentran bajo una gran presión. La situación se agrava por la presencia de los talibanes en el poder, quienes, según Zamanuddin, han perseguido a aquellos que colaboraron con países extranjeros, haciendo que el regreso a Afganistán sea una opción peligrosa.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Barham Salih, ha alertado sobre los “graves riesgos” a los que se exponen los afganos deportados, calificando la situación de una violación del derecho internacional humanitario y del derecho de los refugiados. La comunidad internacional observa con preocupación cómo se repite una historia de desplazamiento y sufrimiento, mientras millones de afganos se ven obligados a abandonar sus hogares en busca de un futuro incierto.

La negación de prórrogas de visados por parte del gobierno paquistaní, combinada con la lentitud en la tramitación de los expedientes de reasentamiento en tercer país, deja a miles de refugiados en una situación de limbo. La ventana de oportunidad para brindar apoyo a los afganos, como advierte Alexander De Croo, el administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se está cerrando rápidamente, amenazando con agravar aún más una crisis humanitaria de proporciones épicas.