Salud mental: el aumento oculto de las bajas laborales en españa

La cifra es alarmante: más de 670.000 trabajadores españoles solicitaron bajas por problemas de salud mental en 2024. Un dato que, lejos de ser una excepción, revela una creciente crisis silenciosa en el ámbito laboral, impulsada en parte por las secuelas de la pandemia, pero arraigada en dinámicas laborales insostenibles.

La pandemia desnudó una realidad ignorada

La pandemia desnudó una realidad ignorada

Si bien la concienciación sobre la salud mental ha avanzado, los prejuicios persisten. La idea de que una baja por ansiedad, depresión o agotamiento es sinónimo de debilidad es un lastre que impide abordar el problema de forma efectiva. Según un reciente informe de la Unión General de Trabajadores (UGT), las bajas por trastornos mentales y del comportamiento se han disparado un 136% desde 2016, evidenciando una tendencia preocupante.

Pero, ¿qué hay detrás de estas cifras? Francisco Fernández Yuste, psicólogo y orientador laboral, desmonta la falacia de la “debilidad”. “La imagen que se proyecta de estas personas, especialmente asociada a la falta de resistencia, es una simplificación burda”, afirma. La realidad, según explica, es que muchos trabajadores se desploman tras un periodo prolongado de esfuerzo y dedicación.

No se trata de una incapacidad, sino de un agotamiento extremo. Muchos, se han echado a la espalda una cantidad ingente de responsabilidades, sin medir bien su carga de trabajo ni establecer límites claros. La dificultad para desconectar, la presión constante y la cultura del “siempre disponible” contribuyen a un desgaste progresivo que, en ocasiones, pasa desapercibido hasta que el cuerpo – y la mente – se rebelan.

Fernández Yuste advierte que “las personas no tenemos energías ilimitadas”. Forzarse más de la cuenta, ya sea por exigencias propias o por entornos laborales tóxicos, lleva al límite. “Vamos a empezar a cambiar esa narrativa de que la gente que está de baja es débil, porque a menudo resulta ser lo contrario: gente fuerte que ha aguantado demasiado hasta que el sistema se los ha cargado”.

El problema no es individual; es sistémico. La falta de recursos para la prevención, la estigmatización de la salud mental y la exigencia desmesurada en el ámbito laboral son factores que contribuyen a esta crisis. Es hora de replantearnos las prioridades y apostar por entornos laborales más saludables, donde el bienestar psicológico no sea un lujo, sino un derecho.

La cifra de 671.618 bajas en 2024 no es solo un dato estadístico; es un grito de auxilio. Un recordatorio de que la productividad no puede ser el único fin, y que la salud mental es la base de una sociedad próspera y sostenible.